Por Fabiana Altamirano
Se estrenó este jueves El Luchador, la película sobre la vida del boxeador norteamericano, James Braddock, bajo la dirección de Ron Howard. Y la a ctuación de Russell Crowe, Renée Zellweger y Connor Price.
La película rescata un clima de época y una ciudad,o mejor dicho un estadio: el Madison Square Garden de New York, la Meca del boxeo. Antes de la crisis del ’29, Braddock era un promesa pugilística que con el empobrecimiento de Estados Unidos paso a formar la fila de excluidos y humillados de New Jersey.
Trabaja como estibador en los muelles pero esto no le alcanza para evitar que le corten la luz y el gas, su familia pasa hambre y frio. Se fractura la mano derecha, esto se muestra con tanta genialidad en la película que por un instante es el hueso del espectador el que cruje, y por si algo faltaba le retiran la licencia.
Meses después sin entrenarse y por pura desesperación, acepta una pelea autorizada por sus viejos empresarios, pese a todos los pronósticos gana y sigue ganando.
Griffin, Lewis y Lasky van a parar a la lona y se siente todo el misticismo de las transmisiones radiales, la arena colosal repleta de fanáticos, el humo de cigarrillos y los dos contendientes batiéndose en el cuadrilátero.
James Braddock pasa a convertirse en un héroe involuntario de todos los desocupados y gana por fin el campeonato mundial de pesos pesados en 1935 frente al carnicero Max Baer, en un feroz combate de 15 raunds.
La película es un narración clásica , dramática sin golpes bajos, con una mirada no concesiva de la depresión económica de los años 30, donde se puede ver al Central Parck neoyorquino, convertido en una gran villa miseria y para expresarlo en palabras de “Braddock” ante los empresarios del box, “también se muere haciendo tres turnos en los muelles”.
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